Del llanto a la sonrisa. En apenas 24 horas, las imágenes públicas de Lionel Scaloni mostraron dos facetas opuestas. Primero, un entrenador quebrado tras perder la final mundial frente a España, incapaz de contener las lágrimas y dejando abierta la posibilidad de cerrar su ciclo en diciembre. Luego, un hombre que, ante una multitud de hinchas en Ezeiza, cantaba y sonreía, mostrando momentáneamente la cercanía y sencillez que lo caracterizan y que lo conectaron con todo un país.

La escena en el MetLife Stadium aún estaba viva en la memoria. “Voy a estar hasta diciembre, si el presidente quiere, y seguramente después corte. Va a ser complicado el después porque también es justo que se pueda cambiar y hasta lo veo bueno”, había dicho en conferencia de prensa. Minutos después, la emoción lo desbordó: interrumpió la charla, pidió disculpas y abandonó la sala entre aplausos de los periodistas, incapaz de continuar. Horas más tarde, algunos hinchas que estuvieron en el hotel de concentración relataron haberlo visto caminar solo, con la cabeza baja.
Sin embargo, el recibimiento en Argentina mostró otra postal. A pesar de la lluvia, el frío y la neblina, miles de personas acompañaron a la delegación desde el aeropuerto hasta el predio del seleccionado. En un video difundido por la AFA, se observa a varios futbolistas emocionados, pero la imagen que más destaca es la de Scaloni, de pie sobre un micro descapotable, cantando, sonriendo y agitando los brazos frente a la multitud. Fue ese cariño el que pareció darle un alivio momentáneo.
Este martes, antes de partir hacia su Pujato natal tras pasar la noche en el predio, Scaloni volvió a hablar y dejó una reflexión que también aclaró su estado de ánimo. “Con la Selección creo que nunca hubo una grieta, porque es lo máximo para un jugador y para un hincha. Cuando tuvimos esa conexión al 100%, fuimos difíciles de batir”, expresó. Y agregó: “Lo que ha dejado este equipo es muy lindo para la gente. Cuando íbamos en el colectivo y veíamos a los nenes de 10 años contentos pese a no haber ganado, es muy lindo. El recibimiento fue muy lindo”.
Es difícil suponer que la efusividad y la sonrisa del descapotable lograran borrar la tristeza o disipar las dudas sobre su continuidad. Según fuentes de Clarín, en la AFA intentarán convencerlo para que siga más allá de diciembre, aunque el propio Scaloni pidió tiempo para reflexionar antes de reunirse con Claudio Tapia.
Lo que sí quedó claro fue otra verdad. Aquel entrenador que en conferencia apenas pudo decir que sentía “la necesidad también de pensar” recibió en Ezeiza una demostración de afecto que pareció devolverle, aunque fuera por unos minutos, la sonrisa. Tal vez el agradecimiento que él pidió para sus jugadores terminó alcanzándolo a él.
Scaloni construyó un ciclo en el que no solo enseñó a ganar, sino que también insistió en la importancia de saber perder. A juzgar por la multitud que desafió el frío y la lluvia para recibir a la Selección, ese mensaje llegó a destino. Y en caso de no ser así, el propio entrenador lo confirmó: “Cuesta digerir que no ganaste porque llevamos el ADN ganador, pero también nos viene bien saber que en la derrota somos nobles y se pueden sacar cosas positivas”. Un cariño que no distinguió entre campeones y subcampeones.
Si ese abrazo colectivo será suficiente para convencerlo de continuar al frente de la Selección es una respuesta que quedará en el futuro. Pero las imágenes hablaron por sí solas: tras el golpe más duro de su glorioso ciclo, el afecto de la gente volvió a rodear al sencillo hombre de Pujato.
¿Nadie ha roto el hielo todavía?
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