miércoles , 20 noviembre 2019
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Proteger la piel de los rayos del sol, también en invierno

A lo largo de las últimas décadas, se conoció mucho más acerca del daño que la exposición a la radiación ultravioleta (RUV) provoca sobre la piel y la posibilidad de desarrollar cáncer de piel. En este contexto, cabe preguntarse: ¿es importante hacerlo aun fuera de los meses de verano?

En 2009, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció que las RUV son carcinogénicas, es decir, existen datos que avalan la asociación de la RUV y el cáncer, ya sea proveniente del sol o de las camas solares. Además, se comprobó que favorece la aparición de lesiones precancerosas y nuevos lunares.

La Sociedad Argentina de Dermatología (SAD) lleva años educando y concientizando a la población acerca de las medidas de protección a través de la Campaña Nacional de Prevención del Cáncer de Piel, que tendrá su vigésima sexta edición en noviembre de este año.

La médica dermatóloga Ana de Pablo es profesora de Dermatología de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral y subjefa de Dermatología del Hospital Universitario Austral, y destacó que «aun durante la temporada invernal, la prevención es la única medida con la que se cuenta para disminuir el número de casos de cáncer de piel».

Según la especialista, «existen grupos de riesgo, que son los más sensibles y quienes deben cuidarse más del sol». Y los enumeró:

– Bebés: los menores de un año no se deben exponer de forma directa; a partir de los seis meses se puede utilizar protección solar en zonas donde la ropa no pueda cubrir la piel.
– Personas muy blancas, rubios y/o pelirrojos; aquellos que siempre se enrojecen y que nunca o casi nunca se broncean.
– Quienes tienen muchos lunares.
– Aquellos que tienen o han tenido cáncer de piel.
– Personas con antecedentes familiares de cáncer de piel.

«Todos los que que están en esos grupos de riesgo no deben bajar la guardia. Es necesario evitar la quemadura solar (enrojecimiento), y también la acumulación de daño en el tiempo -señaló De Pablo-. Hay ciertas actividades y profesiones que están más expuestas en forma ocasional o crónicamente: profesores de educación física, deportistas en general, los chicos durante el horario de actividad física en los colegios, personas que trabajan en el campo y al aire libre».

Y tras asegurar que «la RUV favorece el cáncer de piel por la exposición aguda, intermitente, y por la exposición crónica, con acumulación de daño», la especialista destacó que «en el primer caso, las personas se queman y se enrojecen cada vez que se exponen; son múltiples episodios».

Por otra parte, «la exposición crónica envejece la piel; quienes lo hacen tienen más arrugas y pronunciadas, y cambia el color de su piel, con la aparición de «manchas por el sol» y «manchas seniles», enfatizó la experta. Por estas razones, la protección es fundamental para evitar estas posibles consecuencias y se debe comenzar a edad temprana para adquirir el hábito.

La intensidad de la radiación es menor durante los meses de invierno. Sin embargo, en los que tienen piel más sensible, con historia personal o familiar de cáncer de piel y/o con muchos lunares, deberían protegerse. «También, las personas que se manchan la piel de la cara (y dorso de manos) fácilmente. Estos siempre deben utilizar un factor de protección solar (FPS) de 30 o más. La reaplicación dependerá del tiempo expuesto, dado que los protectores tienen dos horas de efectividad«, enfatizó.

La mejor protección es el uso de ropa que cubra las zonas expuestas. Para aquellas superficies que no puedan ser cubiertas, es importante emplear protectores solares. Con respecto al cuidado de niños, es preferible utilizar aquellos con filtros físicos (generalmente dejan la piel blanca) para evitar posibles reacciones alérgicas en sus pieles sensibles.

«Durante el invierno es poco probable que haya una quemadura, pero sí se acumula daño por la exposición crónica», advirtió De Pablo, quien destacó: «Además, el clima frío, el uso del agua más caliente en el baño y la sequedad ambiental (natural o artificial por el uso de calefactores o aires acondicionados) pueden hacer que la piel pierda su humectación natural. Por ello, es primordial reforzar la humectación diaria (mañana y noche) para compensar estos cambios que se producen».

La prevención es la única medida con que se cuenta para disminuir el daño sobre la piel, para que envejezca menos y se disminuya el número de casos de cáncer de piel. La educación continua, desde la comunidad dermatológica, tuvo y tiene impacto en la conciencia de la población con la implementación de estas medidas de cuidado. Pero todavía hay mucho por hacer.

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